Culitranqueo energético

El nubarrón, mayo, 2013.

Me llama la atención que siempre que “termina” un problema, no pasa mucho tiempo antes de que inicie el próximo. Es como si fuese un serie de televisión; así al estilo Grey’s Anatomy, que lleva mil temporadas al aire y justo cuando pensábamos que no podía pasar algo peor que estrellarnos en un avión, BOOM, apaña tu nueva y resplandeciente crisis… ¡de paquete! Don Francisco no podría darle mejor introducción.

Acumulación de basura, falta de energía, mala estructura en el sistema educativo, bla, bla, bla.

Y aquí entro yo… ¿“Bla, bla, bla”? Ese es nuestro problema. Ojos que no ven, corazón que no siente. Si el problema no nos perjudica directamente, ponemos una carita de lástima en WhatsApp y listo, seguimos nuestras lindas y malcriadas vidas.

“Si el problema sigue, podría haber un apagón este fin de semana”. Y todos se escandalizan. Claro, ahora que surgen estas inauditas amenazas de quitarnos la energía, el agua y la fiesta –es decir, ahora que nos vemos directamente perjudicados y que nuestros planes perfectos se ven en la posibilidad de truncarse- empezamos a culitranquear. “Yo pago mi luz, así que a mí nadie me va a decir que tengo que apagar el aire acondicionado”. Y es que muchos de los panameños aún no estamos acostumbrados a que nos inculquen límites [sanos].

Un par de noches atrás iba en el carro con unos amigos, y una de ellas, muy consternada y consciente de la situación actual, decidió empezar a contar la cantidad de letreros encendidos que incumplían con la norma de racionamiento. Ahora bien, yo me reía, porque justo conversábamos durante la cena -a través de arguiles, hummus, whisky sours y jugos de sandía-, sobre los infames terremotos y tsunamis que han ocurrido (como el de Japón, para nombrar uno importante), y sobre las medidas que ella ya estaba preparada para tomar de llegar a ocurrir algo parecido en Panamá; y es que su mamá vivió en Nicaragua, donde los terremotos son, básicamente, rutina.

“Ni se les ocurra meterse debajo de una mesa”, nos decía. Y allí entramos en una conversación que nos acercó más a la realidad. “Ha pasado tanto tiempo y nada de lluvia. Si esto sigue así, cuando caiga de verdad el chaparrón, es muy probable que aquí empiece a temblar”, dijo otro amigo. Y se me paró el corazón. Inmediatamente me imaginé petrificada en un doceavo piso en El Cangrejo.

Y bien, si mi amiga no terminó de contar los letreros, ¡don’t happy, be worried! Al día siguiente salió un reporte en las noticias informando que la ASEP encontró 238 encendidos. Aquí va nuevamente lo que digo, es el embrutecimiento común generado por no estar acostumbrados a que nos limiten. Los dueños de los comercios podrán ser tercos e incrédulos, pero también somos muchos los que no nos tomamos las cosas tan a la ligera.

Desenchufando, mayo, 2013.

¿Mi granito de arena para ahorrar energía? Mm, procuro no encender el aire acondicionado, excepto cuando duermo (por cierto, ¡acepto certificados de regalo de Do-It Center para comprarme un abanico!). Tampoco dejo prendidas luces innecesarias y siempre desconecto los equipos electrónicos que no tienen oficio estando enchufados. ¿Ustedes qué hacen? Además del certificado de regalo, ¡también acepto sugerencias!

Bueno, ya desayuné y mi café se enfrió… Para variar. Cuando miro hacia fuera, “yo no comprender”. Nubarrones, días grises… Dude, antes esto significaba busca tu paraguas y prepárate para las calles disfrazadas del Chagres. Nube, ¡suelta el agua! Yo no querer terremotos en edificio.

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2 thoughts on “Culitranqueo energético

  1. Muy buena opinión, me agrada que hay más gente que se da cuenta que los panameños somos, en nuestro vivir social, muy malcriados. Ahora estudiando DDHH me doy cuenta que el panameño no sabe no conoce los derechos que tiene porque no se ve afectado, sólo defendemos el derecho a consumir masivamente y que nadie nos joda, manifiesto mi nueva opinión sobre la sociedad panameña y el pensamiento socio-económico, “mientras hay dólar, no hay dolor”. Pero ya nos tocará nuestra crisis, ya nos tocará despertar, no vamos a ser un país adolescente para siempre. Ojalá llueva, y pronto.

    • Así es! Pienso que saldremos adelante… eventualmente. Somos como un adolescente al cual le toca madurar a las malas. Hasta que no nos estrellemos, no accionaremos.

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