13 Reasons Why I watched this show

*SPOILERS*

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Desempolvar La Centella requirió dos años y un show con la infame temática que me pincha los nervios. Créanme que pensé mucho antes de escribir esto. Pero también pensé que es mejor no pensar tanto.

Todo el mundo hablando de la bendita serie, y yo con la intriga. No tenía idea de qué iba, así que me metí a ver el trailer en YouTube. Al descubrir la temática, mi corazoncito se hundió… Suicidio.

El que sabe, sabe, y entenderá por qué me costó varios suspiros darle una oportunidad a esta serie. Luego, pensé… ¿Sabes qué? Dependiendo de la narrativa, tiene el potencial de suavizarle el tabú a un acto que ocurre más de lo que uno se imaginaría. O, mejor dicho, más de lo que muchos quisieran aceptar. Y, quizás, hasta me ayude a seguir sanando.

Me preparé mentalmente, clara de que lo que vería podría gatillar recuerdos y emociones. Newsflash! Lo hizo.

A continuación, 13 razones por las que vi estos trece episodios que cuentan la historia de Hannah Baker, una adolescente que se quita la vida, dejando atrás una serie de cintas donde explica las razones porqué:

  1. Ver series en Netflix es divertido, sobre todo si llueve y hay pizza.
  2. Leí que tenía buen soundtrack – Realmente, fue lo último que noté.
  3. La curiosidad mató al gato… “¿Qué razones podrían tener?”
  4. Alguien comentó en Facebook que la serie explica por qué el mundo está como está – Yes, and… no.
  5. El cast es diverso, y aunque algunos personajes estén estereotipados, hay otros que no. (Ejemplos: Jessica, Alex, Courtney, Zach y Tony.) Kudos for that!
  6. Se reitera el efecto mariposa. – Esto se pudo haber hecho más interesante. Fue un tanto cliché.
  7. Se expone el micro-machismo. (Como cuando Clay simplemente no entiende y le dice a Hannah que es un cumplido que la hayan puesto en ‘La Lista’ como el Mejor Culo de la clase).
  8. Quería saber por qué coño Clay quedó metido en esas cintas y por qué Tony tenía una cara de perrito atropellado todo el tiempo. ¡Qué misterio!
  9. Me han bullyseado.
  10. Yo he bullyseado.
  11. Es primera vez que una serie con un tema ‘tan dark’ se vuelve popular.
  12. No censuraron. Mostraron los temas tal y como son.
  13. Mi ex se suicidó.

…Ajá.

Algunas de mis razones parecerán tontas; mientras que otras no tanto. Así pasó con Hannah. Muchos criticaron sus razones y le hicieron memes, sugiriendo que “no era para tanto”. Pero, ¿adivina qué? A veces, solo basta un trauma para hacerte estallar. A veces, las razones no quedan claras. A veces, las personas no dejan cintas, ni mucho menos cartas.

Trece capítulos llenos de drama, confusión, rabia, tristeza, ansiedad y suspenso– ¡Mira tú! Me recuerda un poco a las etapas del duelo.

Algunas reflexiones:

  • El suicidio no es algo bonito, pero ocurre – Nunca lo fue y nunca lo será. Muchos critican que la serie fue demasiado gráfica al mostrar las escenas de violación y, claro, el suicidio de Hannah. Yo pienso, “¿te incomodó?”, considera que es una realidad en el mundo que tú también habitas. Es como la pobreza, el machismo y los embarazos adolescentes en Panamá; ocurren, pero nadie quiere abordar el tema.

 

  • No, Hannah no se quitó la vida solo porque hablaron mal de ella – El suicidio es un tema complejo. Tengamos en cuenta que la serie falló en mostrarnos qué trastornos mentales padeció Hannah que la llevaron a tomar semejante decisión. ¿Fue un tema de infancia? ¿Surgió a raíz de no procesar sus traumas? Gente, recordemos que, encima de todo el drama de secundaria, la violaron. Tantas cosas pueden acumularse, sobretodo en el cerebro de una adolescente de 17 años, y llevarla a decir: “No más”. OJO: No estoy defendiendo su decisión; estoy validando sus emociones.

 

  • Las personas más cercanas NO son responsables – No se imaginan el nivel de culpa que uno, irremediablemente, llega a sentir. Peor aún; el nivel de culpa que algunas personas te hacen sentir. “¿Qué hice mal?”, “Lo pude haber evitado”, “Pude haberla detenido.” Falso. Demostrado está el perfecto ejemplo de los padres de Hannah en la serie, y hasta el de Clay. – ¡GRACIAS POR ESTO! – Las personas más cercanas a Hannah, las que más la quisieron, jamás se imaginaron que algo así sucedería. No, ellos no “debieron haberlo sospechado”. Nadie sospecha que alguien se va a matar. En mi caso personal, me tocó escuchar cosas como: “Sí ella sabía que estaba mal, ¿por qué la dejó sola?” Uff, cómo me dolió el corazoncito. ¿Debe haber un culpable, cierto? FALSO. Cuando alguien tiene la decisión tomada, it’s pretty much done. En el último episodio, un muchacho se le acerca a Hannah momentos antes de su muerte, y le dice cosas lindas. Ella tenía gente buena y que le demostraba cariño a su alrededor. Eso no ayudó mucho, ¿o sí?

 

  • La serie escupió para arriba – Y lo pensé cuando la estaba viendo. ¿Qué sucede? La forma en que se proyectó ha ocasionado un aumento en el número de personas que han intentado quitarse la vida. Y me topé con un artículo que criticaba atinadamente la intención de la serie en desmitificar este tema: “It’s a noble idea, but, unfortunately, it’s embedded in a show that doesn’t effectively explore mental health and that ultimately uses suicide as the catalyst for a revenge fantasy. Rather than a nuanced exploration of the complex reasons people kill themselves, experts say 13 Reasons Why presents a rather simplistic blame game, dangerously reinforcing the incorrect idea that suicide is the only way you can truly be heard, or that it can be used as a tool to make those who have hurt you suffer.” Buen punto. Hay que tener el criterio muy formado, estabilidad emocional y una claridad para poder discernir una cosa de la otra. Ni hablar del estómago para digerirlo todo adecuadamente. Por eso las advertencias al inicio de algunos episodios.
    • Para defender la serie: Broder, hay películas que muestran asesinatos horribles y no veo a nadie quejándose. Es como aquellos que dicen que, si su hijo se expone a homosexuales, terminará siendo gay. FACEPALM.

 

  • La conversación debe continuar. – Es positivo que este tema se haya destapado. Y no creo que haya manera fácil o no controversial de abordarlo. El suicidio es un acto horrible, y muy doloroso para las personas allegadas a la víctima, al que han recurrido personas por miedo, desesperación, tristeza, ansiedad, depresión, en fin… Es demasiado complejo, y aunque lo conozco de cerca, no soy profesional. Sigamos hablando, sigamos cuestionando. Es horrible y no debería ocurrir jamás.

 

  • La salud mental es tan importante como la salud física. – Cuidémonos y querámonos. Solo cuesta dejar el ego a un lado. Muchos no comprenden lo que es vivir con trastornos, miedos y traumas no procesados. Seamos compasivos. Una sonrisa, un abrazo, un guiño, un hombro… Cualquier gesto bondadoso puede hacer toda la diferencia en la formación de una persona. Lo que para uno es una tontería, para otro es motivo de terminar con todo. Si el mundo fuese más empático, estas cosas no pasarían tanto. Seamos HUMANOS.

 

  • Más. Amor. Por. Favor.
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Tú.

IMG_3531 copyBebé, bebinina, bebitina, María, Ale, María Alejandra. No importa cómo te llamaba, al final del día, tú siempre me respondías.

Sentada escucho las olas del mar y sé que por aquí en algún lado estás. El viento fresco de las tardes y noches de diciembre me avisan que el verano ya está entrando. Estos atardeceres de fuego y las calles llenas de carros… Cómo te hubiesen gustado estos días, a excepción de los carros, claro está. A ti, que tanto te gustaba ir a la playa, siempre al mando del volante, manejando por horas y horas sin pensar. Y yo de copilota, siempre pendiente de la música que tanto nos unía, y del Waze, que nos avisaba sobre los policías y nos daba el pronóstico del tranque kilómetros más adelante.

Ya han pasado dos semanas y todavía me parece increíble que ya no estés aquí. Es como si me hubiesen quitado el suelo y aún sigo cayendo, ya acostumbrada al vértigo, pero aún sin saber dónde voy a aterrizar. Veo fotos tuyas y me imagino viéndolas algunos años más adelante, suspirando con una sonrisa llena de melancolía, recordando la increíble persona que fuiste, y diciendo: “Ale…”

IMG_3538 copy      Nos conocimos en junio de 2010. Tiempos del Mundial, tiempos en los que descubrí qué me hacía feliz. Fue hace casi 5 años. Y todavía recuerdo cómo me sentía en esos momentos. Era como si fuésemos dos adolescentes descubriendo lo que era enamorarse de verdad. No pasó ni un mes y, un 11 de julio en nuestra cabañita en La Cholita en Isla Grande, decidimos estar juntas de esa fecha en adelante. Me dedicaste canciones como “Algo Contigo” de Vicentico y “I’ll Be Here A While” de 311. Y ni hablar de Cultura Profética: La Complicidad era tanta.

La verdad es que no salíamos mucho; lo nuestro era tabú y te aterraba lo que la gente pudiera pensar. Pero recuerdo cómo me acogieron en tu casa. Y recuerdo cómo te acogieron en la mía. Las personas que importaban, ellas siempre nos dieron su más profundo amor y apoyo. Recuerdo hasta cuando viví en tu casa un par de meses, hasta que finalmente conseguí un apartamento, un lugar donde vivimos y creamos los más lindos recuerdos. Un nidito de amor donde aprendimos lo que era convivir y amar las fallas y las virtudes. Allí aprendí a lavar, a limpiar un inodoro y a cocinar pastas y pancakes. Cómo te encantaban los pancakes…

Gracias a ti descubrí lo que era amar a una familia. Gracias a ti descubrí lo importante que era ser humilde. Tú te hacías amiga desde el bien cuidado hasta de la Primera Dama de la República. Y cómo te costó contarle a tus amigas. Pasaron casi dos años hasta que finalmente les fuiste soltando la noticia, que ellas obviamente ya sabían. Las famosas y maravillosas Peps. Me hubiera encantado poder conocerlas un poquito más.

Contigo conocí a muchas personas maravillosas que sé que conservaré y llevaré en el corazón el resto de mis días: Alejandra, Teresa, Eduardo, Jorge, Luis Alberto, Piera, Fausto, Kristina, Sebastián… En fin, personas muy importantes que jamás dejaré en el olvido. Y que compartieron junto a nosotras momentos honestos y muy especiales.

IMG_2332 copyContigo aprendí lo que es amar. Contigo aprendí a no ser “tan” egoísta. Contigo maduré y alcancé cosas que jamás hubiese pensado. Siempre estuviste a mi lado, en las buenas y en las malas. Y cómo peleábamos. Si una pareja convencional pelea, dos mujeres con esa semana del mes sincronizada era el fin del mundo. Pero así como eran intensas nuestras peleas, así era intenso nuestro amor. Y el fin del mundo ni sabía.

IMG_3325 copyDesde tu partida el 5 de diciembre, todos los días me despierto deseando que todo esto fuera solo un mal sueño. Pero… No solo no me despierto en mi cama, sino que no me despierto junto a ti… Para abrazarte y decirte: “Bebé, soñé algo horrible…” esperando que con amor me abraces y me digas: “Pobrecita, bebitina, soñando cosas feas”.

Desde tu partida ese viernes, cada segundo extraño tu sonrisa. Extraño tus ojos verdes, tu tono de voz, tus abrazos y tus besos tímidos. Y el que nos conoció supo cuánto nos amábamos las dos. A matar. “Nobody sees what we see. They’re just hopelessly gazing.” I loved you like XO.

Cada día, surgen preguntas nuevas. Preguntas para las cuales posiblemente nunca tendré respuesta. Porque partiste sin aviso. Te fuiste sin despedirte. Simplemente, dejaste de existir. La vida te arrancó de mi lado, pero yo jamás dejaré que te arranque de mi corazón. Dabas todo por los demás, pero nunca dabas mucho por ti misma.

IMG_9074 copyY fuiste mi primer amor. El amor de mi vida para ser exactos. Sé que nadie me amará como tú lo hiciste. Y yo tampoco amaré a nadie cómo te amé a ti. Como dijeron nuestras amigas cuando nos conocieron: “Se juntaron el hambre con las ganas de comer”.

IMG_0062 copyPodíamos hablar por horas. Podíamos callar por horas. Junto a ti, nada era extraño, nada era ajeno, nada era raro. Me entendías sin yo tener que decirte una sola palabra. Éramos nosotras contra el mundo.

Recuerdo cómo la música nos unía. Recuerdo nuestros viajes a Boquete, donde aprovechábamos el momento para simplemente ser. Aprovechábamos esas horas preciosas para estar juntas, sentir, vivir, respirar, cantar, amar. Tantas canciones que compartimos. Tantas risas, tantos cuentos, tanto amor.

Hoy por hoy, extraño verte llegar a mi casa. Extraño salir del trabajo con ganas de ir a la tuya. Una botella de vinito, unos cigarritos, unas risas, unos besos… Un “buenas noches, bebé”.

Se acaba el año. Viene al año nuevo y solo puedo recordar lo lindo que la pasamos el año nuevo pasado. Un trip de camping, buenos amigos, asados, fuegos artificiales… Fue mágico. Y me quedo con ese recuerdo para este año que viene. Sé que me acompañarás a donde sea que vaya porque de mi corazón jamás saldrás.

Pasarán los años. Y sé que lo harán. Y yo solo miraré al cielo, sentiré la brisa y diré…

Crash into me, baby.

Everything is perfect now.

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Oleada a la costa

Has escrito antes, y muchas veces. Es más, hasta has perdido la cuenta. Pero hoy alguien a quien le importas millones de universos te recuerda que no lo has hecho en mucho tiempo. Y solo puedes bajar la cabeza y decir… “Uy, es verdad”. 

¿Y qué pasó?

Yo lo veo como una primera cita después de años de estar fuera del ruedo: te da nervios. Que si vas o no vas, que si te queda bien el vestido, que si inventas alguna excusa…

Siéndoles muy honesta, la verdad es que ha habido tanto tumulto en mi cabeza que mis dedos no han podido mantener el ritmo. Cuando uno pasa su buen par de meses pataleando en remolinos emocionales, a veces es difícil aferrarse a cualquier piedra, respirar hondo y decir “voy a brillar”, porque simplemente no es la realidad.

¿Será que es momento de desnudar el alma? Me río porque recuerdo la canción de Alejandro Sanz. Algunos me dicen que tengo material para escribir un libro con miles de secuelas y hacerle competencia a George R.R. Martin. “Ey… Todo a su tiempo”, les digo. Superar el Juego de Tronos no es tarea fácil.

Lo único que puedo revelarles ahora es: la vida te aprieta pero no te ahorca. Hay gente linda en el mundo. Y tal es el caso de esta señora a continuación. Hoy que tuve un día de mierda, y mientras luchaba atorada con mi wrap de Ceasar Salad en el almuerzo, una mesera del Deli –cuya labor realmente no es hacerte favores sino recoger los platos de esos idiotas mundiales que juran que por todos lados tienen empleada— se acercó a mí con una sonrisa (divina) a preguntarme si quería un vaso de agua. Allí noté que no hay mal suficiente para opacar el tipo de diminuteces por el que nos preocupamos.

Y es que fácil se olvida lo que vale una sonrisa.

Hablando de sonrisas… Con 30 libras de sobrepeso, hace una semana hice mi primer intento de surf en la vida. Y antes de empezar a aburrirlos con la experiencia, les digo que yo le tengo más que respeto al mar: le tengo CULILLO, señores.

Pero cuando estás en buena compañía, cuando sientes que la vida está a tu favor, que las cervezas cayeron bien y que el aire con salitre te quiere, ahí es cuando abres los brazos, cierras los ojos y dices: “¿Sabes qué? Fuck this shit” – excusez mon français.

La emoción que tenía ese domingo pasado me arengó más que un par de simples instrucciones. Las olas y la corriente me retaron, pero cuando entendí el lenguaje del mar, entendí muchas otras cosas.

Somos parte de la naturaleza. ¿Por qué carajo no nos damos el chance de convivir con ella?

Sé que, al igual que yo, te ha pasado que sientes que no estás hecho para ciertas cosas, pero algo te digo: Sí, lo estás.

Por ahora, surfeemos las olas que nos llegan. A veces el swell es tan fuerte como para romper tablas y corazones, pero a veces decide darle chances a los más rookies. Y si meter los pies en el agua fría es el primer paso, que se te congelen y no puedas evitar reírte de ello.

 

Santa Catalina, julio, 2014.

Solo tengo sencillo, ¿te sirve?

¿Cuál es el big deal de estar en tus 20?

Tengo la costumbre de entrar todas las mañanas a una de mis páginas favoritas: Elite Daily. Sus artículos son relevantes y a veces hasta me consuelan con que no soy la única looney por mi forma de pensar, de guillarme y de actuar. Y tras varias lecturas diarias he llegado a aceptar que todo lo que me sucede se liga a que caigo dentro de esa desacreditada y controversial categoría llamada Millennials. Y es un estereotipo que por primera vez no me molesta recibir. Siempre y cuando siga justificando mis fallos y trabas, claro. Solo bromeo… Un poquito.

Somos unos descarados por naturaleza, ¿no? Si los demás lo hacen, yo también. Si pierdo mi trabajo, consigo otro. La ley del mínimo esfuerzo. Wikipedia. Documentar en vez de experimentar. Pereza. Narcisismo. Egocentrismo. Yo, yo, yo, yo y yo. “Yo me lo merezco”. ¿Pero qué somos en realidad?

Muchos, en especial la generación que nos precede, temen que terminemos por destruir lo que queda de la sociedad. Alegan que somos incapaces de ponernos en los zapatos de los demás y que somos unos egoístas que vivimos metidos en nuestras propias cabezas.

Pero entonces, ¿por qué nos preocupa tanto llevar la vida más correcta que podamos? ¿Por qué tenemos tanta sed de aprender y de vivir hasta que no haya otra opción más que morir? ¿Por qué vemos con tristeza e impotencia a nuestros hermanos venezolanos, muchos de ellos Millennials, arriesgando la vida por luchar para tener un país justo?

Honestamente, no pienso que sea nuestra culpa que hayamos quedados atrapados teniendo que emprender y producir dinero en un momento de escasez y crisis financiera. Nos ha tocado, por fuerza, tener que tirar puñetes en una época en que ya las entradas al cine no cuestan $2.50 ni los paquetes de cigarrillos $1.10. Se cosecha lo que se siembra… ¿Y quién lo sembró? Empieza con baby y termina con boomers.

Ahora, con esto no propongo una guerra de generaciones. Eso tendría tanta utilidad como no votar en las elecciones presidenciales que se avecinan en Panamá. Lo que propongo es respeto y entendimiento. Es vital tener consciencia y escuchar tu historia, la mía y la de los demás. Ya sea que pienses que los 30 son los nuevos 20, o que te sientas presionado de que en tus 25 ya no tienes excusa para comportarte bajo el lema YOLO, lo fundamental es que jamás perdamos nuestra capacidad de análisis ante los dilemas existenciales que se nos presentan.

Tolerémonos entre todos. Creo que este es un momento en que no debemos desesperarnos ni tener que calmar tanta ansiedad con pastillitas por todo lo que nos toca sembrar ahora para que la próxima generación pueda cosechar frutos más dulces y nutritivos más adelante.

Afterall, se trata de echar pa’ lante. (Y, por Dios, aclaro que no hago referencia al slogan político de uno de los candidatos a presidente en Panamá. Antes muerta que caer en aquel punto sin retorno llamado política.)

Es solo una guilla

Me siento a disfrutar de mi penúltima copa de vino. Reflexiono y me doy cuenta de que estoy sentada en los sillones de aquella señora que ahora mismo se encuentra compartiendo el aire con Blake Lively, Carolina Herrera Jr. y Michael Douglas en el Fashion Week de Nueva York. Esa señora que me dio una oportunidad -ojalá y no por mi apellido- y que luego de un tiempo llegó a creer y a confiar en mí. Hoy le doy gracias por aparecerse en mi camino, y por ser el canal que sintonizó mis miles de encuentros y sucesos, no solo con personas muy especiales, sino también conmigo misma, con la persona más especial de todas, con mi propio yo.

La vida da muchas vueltas. Primero uno se encuentra en un extremo y luego termina en otro. Pero, ¿realmente “termina”?

La vida es una suerte llena de experiencias y materia. Lo cual significa que está en constante cambio. Y es que, el cambio es lo más natural que hay, sin embargo, es lo más miedo da. Si te aferraste a algo, pensando que se quedaría igual para siempre, te equivocaste. Pero uno va aprendiendo con el tiempo.

Estuve en una relación que, después de casi tres años, se vio interrumpida durante tres meses tras una de esas vueltas de la vida. Y lo que más aprendí de allí fue eso. Hoy celebramos San Valentín; pasado mañana no sabemos.

Veo fuegos artificiales en mi balcón, y recuerdo que vida es bella.

Malditos sean nuestros paradigmas por querer interponerse en nuestro propio crecimiento personal. Todos los tenemos, pero pocos nos percatamos. No es hasta que, en un ambiente envuelto de ebriedad por exceso de confianza, revelamos nuestras guillas ante los demás y éstos nos aseguran de que el cuadro no estaba pintado como lo habíamos descrito.

Deberíamos adentrarnos un poco y auto examinarnos.  ¿Qué es lo que nos frena y congela? Si anotamos en ese papel -que todo lo aguanta- la lista de los porqués y los cómos de nuestras más pegajosas preocupaciones, nos daremos cuenta de que es solo eso: una guilla en la que estamos metidos.

Hay guillas buenas, hay guillas compartidas y hay guillas malas. Escojamos cuál vale la pena, el tiempo y las arrugas en nuestras caras, y aferrémonos con el mismo fervor con que nos aferramos a esos tóxicos miedos.

Piénsenlo bien… Qué lindo sería que todos trabajáramos juntos por filtrar los paradigmas de los demás. El trabajo en equipo es mejor que tripearse una sola historia. Recuerda: Está tú historia, está la mía y está la de los demás.

Un Renacimiento en 2014

Word tarda más de lo necesario en abrir y se me olvida lo que iba a escribir segundos antes que decidí abrirlo. La canción de Beyoncé, “XO”, me tiene un poco transportada a ese momento de euforia que vive con todos los locales en Coney Island. Se ve tan radiante y tan feliz. ¿Y saben qué es lo mejor? Que me lo transmite. Y eso debemos agradecerle a la música y a los artistas que sí valen la pena. Su capacidad omnipotente de transmitir emociones lindas -y más normales en todos nosotros de lo que nos atreveríamos a decir- es infinito. Volteo el brazo y miro mi tatuaje, “be infinite”. Claro, tenía que ser.

Me he dado cuenta de que en esta época en la que vivimos – no, esperen… Yo diría que estamos parados en medio de una frontera, con un pie en un país distinto. Estamos en una especie de Renacimiento y se lo he comentado muy intensamente a personas en quienes veo el potencial de entenderlo y ojalá hasta de repetirlo a aquellos terceros de quienes perciban lo mismo. Y esto me provoca gritarlo a todo pulmón: “¡Estamos renaciendo! ¡Estamos haciendo historia! ¡Seremos esa época que nuestros tátara-tátara-tátara-tataranietos estudiarán siglos adelante sobre cómo trascendió la forma de pensar y operar de la humanidad!”.

El creciente entendimiento actual de que las personas homosexuales tienen los mismos derechos y están igualmente en lo correcto o en lo equivocado que las personas heterosexuales, la legalización de la marihuana y cómo esto ha resultado en que nos cataloguemos como una sociedad “hippie” -entendida hoy día como “hipster”- que solo disfruta de mejor marihuana que los productores de los baby boomers, las ganas de ser una persona saludable tanto física como emocionalmente, las ganas de descubrirse a uno mismo y de vivir todo lo que pueda además de esforzarse por ser la mejor persona que pueda ser, la disminución de matrimonios e hijos, la comunicación e información que tenemos a nuestra disposición galore…

Este tipo de libertad no la han tenido muchas épocas, y ni sabemos si en un menos de un siglo la sigamos teniendo siquiera. Así que propongo que atesoremos este momento en que nos encontramos, y que luchemos por seguir en este camino tan bonito por muchos siglos más.

Acepto el reto que tenemos. Y confieso que aún no sé exactamente cuál es la formal cabal de proceder, pero tengo la mente y todos lo sentidos alertas… ¡Para allá vamos!

¿Peor que Hermanos Suárez?

El país es un circo, concuerdan muchísimos panameños. Y pareciera que las leyes, la ética y nuestros propios derechos fueran los pobres animales que están siendo maltratados para el mero entretenimiento de gente sádica y ególatra. ¿Y el señor con el látigo? Él solo se ríe a carcajadas y calma sus ansias con Tafil y un poco de nieve, teniéndonos a todos dominados y sacando ganancias para seguir engordando su panza asquerosa.

Estamos en periodo electoral y se acercan las infames elecciones. Y digo infames porque, en lo personal, la política me desagrada. Nunca he sido de ahondar en ella, y es que cuando lo hago, me encuentro con cosas que, siendo sincera, preferiría no haber sabido; si hay algo que me pincha un nervio es el descaro y la injusticia. La forma en que se manejan los partidos y sus candidatos, y en que tergiversan todo a su propia conveniencia -no a la del país-, es un chiste que no debió haber sido contado en primera instancia.

Y hablando de payasos…

Entre el Tío Gabriel con su “¡quiero tu voto!”, el Tanque de Gas alzado a los cielos como Simba en mi infancia, el Dr. del Béisbol y el resto caras viejas y feas -o las ambas, siendo el caso de muchos- que estoy obligada a ver todos los días “adornando” mi pobre ciudad, siento que la luz de esperanza por candidatos que verdaderamente valgan la pena se apaga. ¡Alguien que me devuelva mi dinero por favor!

Una vez terminada la función, lo que más me decepciona es la incertidumbre: no saber si realmente habrá alguien digno de mi voto.

No sé por quién voy a votar, pero evidentemente, sé por quién no.

Y por algún lado se empieza, ¿no?