12/12

Chris disfrutando su look, diciembre 2012.
Chris disfrutando su look, diciembre 2012.

Diciembre… ¡Qué mes!

Sí, sí… Todos sabemos lo que trae el 12/12. Están los tranques infernales, el mall abarrotado que se desborda de zombies compradores, los email blasts con tips para no ser víctimas de robos y la infame “temporada lluviosa” (porque ya sabemos que no es “invierno” pues Panamá no tiene estaciones — Ey, ¡aprendo rápido!). Esta última es tan garrafal que cada año sorprende más y más a la ciudad con sus piscinas urbanas -perfectas asesinas de automóviles- y sus despiadados deslizamientos de tierras… Suspiro, pues eran tierras que prometían mantener hogares en pie. No creo en los Mayas, eso sí. Fin del mundo my foot.

Inherentes a diciembre también son las fiestas y los eventos, que para muchos son sinónimo de actos de presencia obligatorios seguidos de crudas “bombas de humo”. Y, párenme la música, atrás no se quedan las palpitantes cifras cuya caída en picada no logramos comprender cada vez que visitamos nuestra Banca en Línea. Amigos, recordemos que cada firma bonita y ostentosa puya contra el bolsillo.

¡Pero qué desastre diciembre entonces!

Las quejas llegan a diario, y gratis… ¡sin suscripciones! Sin embargo, detrás de una queja está una razón, tímida pero llena de potencial, para dejar atrás la bendita ñañequería.

¿Llueve? Espera un rato para salir y no te arriesgues; tu carro NO es un Transformer. ¿Quieres regalarle algo ostentoso a tu amiguito secreto para que todos queden deseando que tú les hubieses regalado? Ok, no hay problema. Solo recuerda que tienes ahorros -o eso esperaría- que sirven para ese viaje que tanto quieres hacer a Europa. Imagina tu Instagram lleno de perfectos paisajes medievales. ¿Vienen las fechas en que debes partirte en cuatro para cumplir con tu árbol genealógico? Pues, ¡te lo bailas y gozas! Las ramas seguirán creciendo.

Cada uno hace su diciembre. Yo acompaño el mío con buena compañía, una copita de ron ponche y remodelaciones hogareñas que desde hace tiempo quería hacer. Confieso que jamás en mi vida había sostenido un rodillo para pintar, y este domingo terminé trepada en una escalera -que pedí prestada al conserje del edificio- con mi cabeza rozando el techo mientras perfeccionaba con brocha las esquinas luego de sostener una lucha (¡que al final gané!) contra ese escurridizo rodillo. El resultado de aquel día: Un arbolito de Navidad llamado Chris al que miro y sonrío todos los días. ¡Sé que a él le encanta que lo vean con su nuevo look de drag! Adicional, tengo mis dos paredes color “Synergy” de Sherwin Williams que me hacen difícil tener que salir de mi apartamento.

Prendo nuevamente el cigarrillo y disfruto de mi cappuccino hecho en casa. Ahora viene el eléctrico a revisar por qué carajos las luces de mi casa tienen complejo de discoteca.

Besos, la vita è bella.

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