Trabaja y pide tu panga

El Valle, abril 2013.

Quieres hacer algo importante y significativo, pero así como te entran las ganas de hacerlo, así te entra el bloqueo de concretar la vaina.

Lees artículos instructivos que han compartido tus amigos -como los típicos Top 10 Things You Need to Start Your Own Business-, ves pensamientos positivos junto a fotografías conmovedoras en Facebook, e Instagram te da un sugar rush por el chorrete de eye candy. De repente, ¡te inspiraste! Es como si toda esa información que ingeriste te hubiera convertido en la Mujer Maravilla, o en Iron Man, no sé. El tema es que, puff, te llega la presión de generar un cambio.

Luego parpadeas y te das cuenta que han transcurrido tres horas y no es mucho lo que has logrado después de tu inspiración divina. “Quiero hacer algo trascendental”, “quiero ser un ejemplo para muchos”, “quiero tener miles de seguidores”, “quiero empezar mi propio negocio y generar dinero”, entre otros deseos de auto realización. Pero, coño, te bloqueaste. La cantidad de “quiero, quiero, quiero, quiero” se multiplicó, se te nubló la vista y te paralizaste. Normal, eso pasa.

En lo personal, me interesa poder comunicarle al mundo lo que percibo de él. Me han dicho que soy bastante perceptiva y me lo creo. Entonces, ¿cómo hacerlo? Ensayo y error.

El momento en que una señora chocha te pregunta mientras escoges manzanas en el supermercado que qué edad tienes y tú, perpleja, le respondes sin cuestionar “Veinti-”, y te interrumpe, “No, que qué hora tienes…” y se ríe, son momentos que te hacen sonreír naturalmente. Te dice: “Ya te preguntabas ‘Esta señora ¿para qué quiere saber mi edad?’”, y vienen más risas.

¿Y qué si realmente hubiese querido saber mi edad? Aquí va mi punto: No todo está escrito en papel. ¡La vida es para improvisar! Con sensatez, obviamente. Por más extraños que parezcan algunos sucesos, seguir la corriente suele ser más rico que ir en contra de ella. Es hacer versus temer.

Tal y como conversaba con una amiga, es imaginar que uno está echado en una panga tomando sol con cocos en el pecho y flores en la cabeza. Una piña colada, el agua alrededor tuyo y una brisita fresca bastarán para hacer el momento perfecto.

No sé si me agrade la idea de tener cocos en el pecho, pero las flores y la piña colada me convencen para pedir mi panga personal. ¿Y cómo me la gano? Exprimiéndole el jugo a los limones, con horas dedicadas -sin güeveos- a trabajar sin más dilación.

Tal como dicta el lema de una gran agencia de publicidad en Panamá: “The work. The work. The work.” Ya vendrá la panga. Por mientras, saborea el jugo que exprimiste. Si necesita azúcar, se la echas; si sabe mal, ve al súper comprar más limones… ¡Quién sabe y te encuentras con la señora simpaticona!

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