El panameño: Un bully al volante.

El Bendecido, septiembre, 2013.

Llevo meses sopesando si debo escribir esto con la cabeza fría o caliente. Pero llegué a la conclusión de que, honestamente, da totalmente igual. Estemos cuerdos o con la neura alborotada, la realidad es la misma.

Hace unos días me chocó un democrático Red Devil en plena Calle 50. ¿A caso no estaban fuera de circulación? Algo me perdí… Y qué reculo.

Lo primero que pensé fue: “Es que ni con el permiso son capaces de manejar bien”.

Pero luego entendí que los buseros, taxistas y camioneros no son los únicos villanos de esta “pista infernal” que transitamos en Panamá. Nosotros mismos, los panameños, nos convertimos en los peores ciudadanos a la hora de tocar un timón.

Y me da mucha risa…

Escenario 1

Quiero cambiarme de carril.

Prendo la direccional.

El carro del otro carril -que está metros atrás- avanza lo que no ha avanzado en su puta vida para no darme paso.

Escenario 2

Quiero cambiarme de carril.

¿Direccional? ¿Eso qué es?

Giro con una buena dosis de juega vivo.

El carro del otro carril queda con los pantis abajo y logro entrar.

Dejen vivir, mayo, 2013.

El otro día leía el comentario de una amiga: “El panameño odia al panameño”. Y, lastimosamente, no podría estar más de acuerdo. Por alguna razón, nos tenemos una tirria inmensa y no queremos hacérsela fácil al otro porque, quite frankly, somos unos egoístas. ¿Y qué tipo de mentalidad es esta? Si seguimos así, no quiero ni saber cómo será cuando inaugure el metro. Desde ya voy comprando mis stickers de rosarios y los saumerios para el carro.

En mi caso, solo a los golpes (OJO: y tenían que ser de un diablo rojo), es que aprendí que debo manejar a la defensiva, y lo detesto. Porque claro… ¿Por qué un pinche taxi puede hacer la hazaña del día y salirse con la suya y yo no? ¡Qué producto diario!

Y las típicas conversaciones que tenemos por celular. Porque, claro, todos hablamos por celular cuando manejamos… “¡El man del Terios se metió por la acera de la Vía España, aweba! Y ahora está atravesado, bloqueando la Vía España con el cruce de Vía Porras… ¡Qué animal!”

En fin, yo solo sé que en mi bello Panamá para salir a manejar me voy con un té de tilo por delante. Pongo mi música. Sí, mi música. Nada de explosiones, reventadera y las risas falsas de Pulgoso en las emisoras, y listo. Que las bestias se maten entre sí hasta que un día (ojalá y no sea a las malas, toc, toc, toco madera) aprendan a comportarse de verdad.

Y por favor, antes de salir de casa, asegúrense de no tener goma en las manos, pareciera que a muchos les pasa y se les quedan pegadas al pito.

P.D.: Solo si se lo preguntaban, tengo la cabeza un poquito tibia.

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