Potaje mixto

Escribir es muy normal. Claro, si sale de una mente que pregunta hasta si su existencia es adecuada.

Los tonos de una canción te forman un retumbar en la cabeza, y allí es donde piensas que te estás dejando llevar por la música.

Pero la música en realidad fue dejada llevar por un músico con la cabeza retumbada. De ahí en adelante, bienvenidos al espectáculo.

Si uno se sienta a enumerar sus pecados, los milagros intentan opacarlos con vehemencia. Es como si no hubiese lugar para el inmundo. Pues a todo lo que se aspira es a ser magníficamente influyente, dentro de un mundo cuyos habitantes respiran éxtasis y son movidos por la influencia.

Si saltas, caes. Si caes, pierdes. Mejor es aferrarse al ritmo de la música, porque las cabezas que retumban al menos son guiadas por una emoción acorde.

Los influidos guindan de sogas que los controlan y direccionan, con el fin de crear una masa, realmente camuflajeada, que distraerá a los que aún no han empacado maletas siquiera.

Son trocitos de luz, son trocitos de claridad, que entran en nosotros como rayos de sol y cuyo fin es iluminar lo que siempre ha estado, pero que ahora está.

De mi mente salen palabras que forman oraciones que desnudan mi pensamiento, vuelta todo un potaje mixto. Y a algunos les toca ñame, a otros otoe y a otros el pedazo más carnoso de la gallina.

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