Es solo una guilla

Me siento a disfrutar de mi penúltima copa de vino. Reflexiono y me doy cuenta de que estoy sentada en los sillones de aquella señora que ahora mismo se encuentra compartiendo el aire con Blake Lively, Carolina Herrera Jr. y Michael Douglas en el Fashion Week de Nueva York. Esa señora que me dio una oportunidad -ojalá y no por mi apellido- y que luego de un tiempo llegó a creer y a confiar en mí. Hoy le doy gracias por aparecerse en mi camino, y por ser el canal que sintonizó mis miles de encuentros y sucesos, no solo con personas muy especiales, sino también conmigo misma, con la persona más especial de todas, con mi propio yo.

La vida da muchas vueltas. Primero uno se encuentra en un extremo y luego termina en otro. Pero, ¿realmente “termina”?

La vida es una suerte llena de experiencias y materia. Lo cual significa que está en constante cambio. Y es que, el cambio es lo más natural que hay, sin embargo, es lo más miedo da. Si te aferraste a algo, pensando que se quedaría igual para siempre, te equivocaste. Pero uno va aprendiendo con el tiempo.

Estuve en una relación que, después de casi tres años, se vio interrumpida durante tres meses tras una de esas vueltas de la vida. Y lo que más aprendí de allí fue eso. Hoy celebramos San Valentín; pasado mañana no sabemos.

Veo fuegos artificiales en mi balcón, y recuerdo que vida es bella.

Malditos sean nuestros paradigmas por querer interponerse en nuestro propio crecimiento personal. Todos los tenemos, pero pocos nos percatamos. No es hasta que, en un ambiente envuelto de ebriedad por exceso de confianza, revelamos nuestras guillas ante los demás y éstos nos aseguran de que el cuadro no estaba pintado como lo habíamos descrito.

Deberíamos adentrarnos un poco y auto examinarnos.  ¿Qué es lo que nos frena y congela? Si anotamos en ese papel -que todo lo aguanta- la lista de los porqués y los cómos de nuestras más pegajosas preocupaciones, nos daremos cuenta de que es solo eso: una guilla en la que estamos metidos.

Hay guillas buenas, hay guillas compartidas y hay guillas malas. Escojamos cuál vale la pena, el tiempo y las arrugas en nuestras caras, y aferrémonos con el mismo fervor con que nos aferramos a esos tóxicos miedos.

Piénsenlo bien… Qué lindo sería que todos trabajáramos juntos por filtrar los paradigmas de los demás. El trabajo en equipo es mejor que tripearse una sola historia. Recuerda: Está tú historia, está la mía y está la de los demás.

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