Oleada a la costa

Has escrito antes, y muchas veces. Es más, hasta has perdido la cuenta. Pero hoy alguien a quien le importas millones de universos te recuerda que no lo has hecho en mucho tiempo. Y solo puedes bajar la cabeza y decir… “Uy, es verdad”. 

¿Y qué pasó?

Yo lo veo como una primera cita después de años de estar fuera del ruedo: te da nervios. Que si vas o no vas, que si te queda bien el vestido, que si inventas alguna excusa…

Siéndoles muy honesta, la verdad es que ha habido tanto tumulto en mi cabeza que mis dedos no han podido mantener el ritmo. Cuando uno pasa su buen par de meses pataleando en remolinos emocionales, a veces es difícil aferrarse a cualquier piedra, respirar hondo y decir “voy a brillar”, porque simplemente no es la realidad.

¿Será que es momento de desnudar el alma? Me río porque recuerdo la canción de Alejandro Sanz. Algunos me dicen que tengo material para escribir un libro con miles de secuelas y hacerle competencia a George R.R. Martin. “Ey… Todo a su tiempo”, les digo. Superar el Juego de Tronos no es tarea fácil.

Lo único que puedo revelarles ahora es: la vida te aprieta pero no te ahorca. Hay gente linda en el mundo. Y tal es el caso de esta señora a continuación. Hoy que tuve un día de mierda, y mientras luchaba atorada con mi wrap de Ceasar Salad en el almuerzo, una mesera del Deli –cuya labor realmente no es hacerte favores sino recoger los platos de esos idiotas mundiales que juran que por todos lados tienen empleada— se acercó a mí con una sonrisa (divina) a preguntarme si quería un vaso de agua. Allí noté que no hay mal suficiente para opacar el tipo de diminuteces por el que nos preocupamos.

Y es que fácil se olvida lo que vale una sonrisa.

Hablando de sonrisas… Con 30 libras de sobrepeso, hace una semana hice mi primer intento de surf en la vida. Y antes de empezar a aburrirlos con la experiencia, les digo que yo le tengo más que respeto al mar: le tengo CULILLO, señores.

Pero cuando estás en buena compañía, cuando sientes que la vida está a tu favor, que las cervezas cayeron bien y que el aire con salitre te quiere, ahí es cuando abres los brazos, cierras los ojos y dices: “¿Sabes qué? Fuck this shit” – excusez mon français.

La emoción que tenía ese domingo pasado me arengó más que un par de simples instrucciones. Las olas y la corriente me retaron, pero cuando entendí el lenguaje del mar, entendí muchas otras cosas.

Somos parte de la naturaleza. ¿Por qué carajo no nos damos el chance de convivir con ella?

Sé que, al igual que yo, te ha pasado que sientes que no estás hecho para ciertas cosas, pero algo te digo: Sí, lo estás.

Por ahora, surfeemos las olas que nos llegan. A veces el swell es tan fuerte como para romper tablas y corazones, pero a veces decide darle chances a los más rookies. Y si meter los pies en el agua fría es el primer paso, que se te congelen y no puedas evitar reírte de ello.

 

Santa Catalina, julio, 2014.
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